03. Octubre 2009

alberto

Fui a un concierto !!!, y salí

Viernes 2 de Octubre, las nueve de la noche, el Palau luce coqueto ajeno a los últimos escándalos en la noche Barcelonesa.

Llegué con tiempo, tampoco un exceso porque entre mis defectos no está el ser puntual, el justo para tomar un silencioso bocado en en “Al Sur” mientras disfruto de “La verdad sobre el caso Savolta”.

Miro el reloj continuamente, expectante, saboreando los últimos minutos de su ausencia. Toda la semana esperando, digo semana, 3 semanas, desde que supe que venía a Barcelona, la “niña”.

Se abren las puertas del Palau, y mientras bailan en el Escenario las faldas de las musas , un murmullo ajeno al espacio va cobrando fuerza.

La Niña Pastori espera entre bambalinas, sus músicos abren la noche, arrancando quejidos y vida de guitarras y cajones, las dos chicas que hacen los coros pintan el silencio con las primeras notas y el tipo que está sentado delante de mi saca una mierda de teléfono móvil y se pone a grabar en vídeo.

El de atrás corea las canciones, no es que cantara mal, no es que me hiciera pensar, coño, quien está maltratando al gato, que no lo hagan sufrir más, que le den ya una pedrada, no, si el chico no cantaba mal del todo, su vecino lo hacía un poco peor, el de tres filas más allá desentonaba y creo que en el segundo piso había uno que no se había leído el programa y andaba cantando canciones de Camarón.

Y yo allí, solito, bueno con Mendoza en un libro, pero solito, pensando: “Mamá, dónde pone en el programa que van a cantar estos señores?” Que soy despistado, lo sé, pero estoy seguro, saco la entrada y con la no tenue luz de los flashes, los teléfonos móviles, los mecheros y alguna vela que seguro llevaba alguno, compruebo en la entrada que no me he equivocado, que estoy en el Palau, estoy seguro su divina claraboya lo atestigua, que esta noche el concierto era de la niña Pastori y no la coral del pueblo, que es un concierto no la noche del aficionado.

La gente toca las palmas, toca?, que es tocar? que una palma se dé con la otra y haga ruido? sí, en ese caso las tocaban, cada cual las suyas, libremente, sintiéndose realizados con cada uno de los molestos sonidos que arrancaban.

En el primer piso unos franceses ondean una bandera como si estuviesen en un partido de fútbol viendo a 22 hombres sudorosos frotándose los unos con los otros y no cantan la marsellesa porque os prometo que a estos si les tiro mis zapatos

Bienvenidos al circo, no sbaría explicaros tanto despropósito, cuando la niña entra en el escenario la iluminación, puñeta, la iluminación también se fue a la mierda, tanto móvil, tanta cámara no me deja entender ni saborear la iluminación, siguiente capítulo, porque no os podré hablar de la luz antesala del dolor y me tendré que centrar en como cantó.

Agudizo el oído, intento separar el bullicio de la música, veo en el escenario las manos que juegan sobre el cajón, cómo le arrancan a su alma de madera voces antiguas y no me llegan, se las comió el de delante, que gritó: viva cádiz, el de más allá que decía guapa, la de tres filas a la derecha que aullaba, mírame niña, mírame que te he traído unas lentejitas.

Guirigay y patio de vecinos, la niña que canta en el escenario y el técnico de sonido que no sabe si pedir un ayudante o una pistola, llevaba toda la tarde preparando la acústica de la sala y se olvidó de hacer una prueba de sonido con la lavadora en marcha, el fregaplatos a tope, la final de la champion en la tele y el sonido de fondo de una pelea de gallos.

Parecía que se lo estaban pasando bomba, mis compañeros de butaca, chillando y golpeando las manos sin ton ni son, a mi la música también me subyuga y os juro que no podía contener la emoción y seguía el ritmo imaginado golpeando el suelo con el meñique de mi pie, silenciosamente, digo imaginado porque no oía nada, nada de nada, me llegaba la voz de la niña distorsionada por la triste realidad del siglo 21, me llegaba la guitarra cómo si hubiesen soltado al guitarrista a hacer un concierto en Beirut

¿En que siglo vivimos? Os imagináis a Miguel Ángel subido a un frágil entramado de madera, alumbrado con velas, dejándose el alma y la vida en pintar la capilla sixtina y al pie, abajo, en la iglesia, 1500 italianos tocando las palmas, berreando y chillando:

ole miguel ángel, la madre que te parió, coño que luz, grande, que eres grande miguel ángel, ese rojo, que no te tiemble la mano,…

Y ale flashes, y más flashes, y la mitad levantando sus teléfonos móviles ( por entonces de madera y con batería de estiércol de vaca ) pendientes de la pantalla, más preocupados de poder colgar mañana el vídeo de “cuando estuve en la grafitada del miguel” que por embeberse del arte, de disfrutar de la historia que se diluye entre segundos

Cantó la primera canción, el teatro ( el edificio histórico en si mismo ) pensaba

y nosotros que creíamos que lo peor que nos había pasado últimamente era lo de que el Millet trincara casi 10 millones de Euros, y las musas atadas al escenario por sus faldas de mosaico sueñan con arrancar el vuelo y salir corriendo, y la gente se animaba, se enardecía a si misma y …

Yo, discretamente, escribo un sms en el móvil a una amiga y le pongo: “cielo, los señores de al lado hacen mucho ruido nos vemos para tomar un mojito?”, su respuesta llegó tarde, en la segunda canción, tuve q esperar la confirmación y esperar a que acabara el tema para levantarme de mi butaca y discretamente ( tampoco tanto porque llevaba una falda roja ) abandonar el Palau intentando no molestar a nadie.

Finalmente lo del mojito no pudo ser, me vine a casa, llorando en el taxi, me caían lágrimas como puños ( eso si es una exageración ) que enjuagaba con los faldones de la falda mientras en el iphone escuchaba a la Pastori más o menos tranquilamente y el pobre taxista rebuscaba bajo el asiento, supongo que una psitola, y no entendía bien que hacía ese señor vestido raro detrás, hablando por teléfono con su madre y diciendo “no puede ser mamá, no puede ser, esos señores hacían ruido” mientras lágrimas de plata caen sobre su camisa, sangrantes, dolorosas, y se deslizan abriendo surcos sobre el algodóny arañando su piel

Y para los que digan que soy un exagerado, que no se lo consiento, os dejo un vídeo, no es del concierto de ayer, es de un despropósito anterior, también perpetrado en el Palau ( imbécil si me podéis llamar, eso no me importa )

En serio, concepto: la niña pastori no canta, hace arte, es una artista, una diosa de la canción, su voz arranca trémula y desgarra la oscura distancia que te separa de sus labios para partirte el corazón en dos con un “quejío”, el señor que estaba sentado en una caja de madera no es un limpiabotas ocioso que habían puesto de atrezzo en el escenario, ese señor es otro artista, se pasa las horas peleando con un simple cubo de madera entendiendo como vibra su alma, es capaz de deslizar los dedos sobre la piel de madera con ancestral sabiduría y dibujar un sonido que jamás soñaste, un simple sonido que tiene el secreto de tus lágrimas, una simple caricia de sus manos en el cajón genera tanto dolor que puedes sentir como se estremece tu columna.

El de la guitarra no toca para que le hagas fotos ni para que le grabes en vídeo ni le tires cacahuetes, coño, q solo os faltó tirar cacahuetes al escenario, el de la guitarra toca para que lo escuches así que si lo que quieres es escucharlo para que haces tanto ruido?

Con cariño, hemos perdido, como “cilvilización”, el rumbo, no diferenciamos el arte del ruido, nos conformamos con ver las pelis pixeladas en internet, probablemente porque el cine es una porquería y la creación en si no merece más que unos píxeles confusos y no hay matices en la luz ni en la banda sonora, ni los actores son actores, ni nos importa que a media película la pantalla se de la vuelta o se ponga en negro o aparezca la peluca de una señora que tuvo que visitar con urgencia el mingitorio.

La música la escuchamos en mp3, porque cabe más, porque puedo llevar 6000 canciones en el móvil, que a lo poco son 15 o 20.000 minutos de música, como si lo importante no fuese la música sino llevar muchas, haced la prueba, con Mahler por ejemplo, con su 5 sinfonía y decidme si suena igual en un mp3, en un cd o en un vinilo ( me imagino a Zubin Mehta en el Palau dirigiendo la orquesta y la “burguesía catalana” coreando la sinfonía y haciendo la ola en los palcos, vaya se gira el Zubin y se lía a hostias con todos )

La “Niña Pastori” es una diosa, cada vez que dibuja una nota es momento es único e irrepetible, lo que hace con la voz no es música, es jodida magia, sus músicos son maestros, entierran las manos en la húmeda tierra de los sueños y arrancan sonidos que no existían de los instrumentos, e ir a escucharlos es ir CALLADO, y en SILENCIO, sin HACER RUIDO, a permanecer durante el mayor tiempo que sea posible embebiéndote de esa belleza.

Dejar que se deslice sobre tu corazón y tus manos, dejar que envuelva tu piel y borre los oscuros pensamientos, dejar que te inunde con su dolor y sentirlo, dejar que te abrace con su fe y te haga un poquito más feliz. Yo tampoco, como vosotros, sé cantar como ella, yo tampoco, como vosotros, sé tocar el cajón como el maestro, ni la guitarra, ni el laúd ( os distéis cuenta de que había un laúd? era eso con cuerdas que parecía una guitarra y tocaba el señor del chaleco, eso que sonaba raro, como metálico, era un laúd, no la guitarra del Chikilicuatre, que esa era de colores ), lo dicho no sé hacer arte ni vida como ellos, por eso, como lo sé, cuando me voy a un concierto me quedo calladito y conozco cual es mi sitio, el silencio discreto de quien no sabe hacer eso y se mantiene en silencio, agradecido a los artistas que comparten generosamente con él la magia de su arte.

Copio textual ( perdón por el tema de licencias ) la entrada del RAE:

escuchar.

(Del lat. vulg. ascultāre, lat. auscultāre).

1. tr. Prestar atención a lo que se oye.

2. tr. Dar oídos, atender a un aviso, consejo o sugerencia.

3. intr. Aplicar el oído para oír algo.

No pone nada de: aplicar el oído para oír algo mientras haces ruido con las manos para joderte a ti mismo, ni pone nada de prestar atención a lo que se oye mientras puteamos al de atrás con el móvil para que él no lo pueda hacer, …

En serio, con cariño, frenemos un poco, diferenciemos las cosas y no dejemos que se nos escape la vida sin saborearla sólo porque tenemos ganas de hacer ruido, podemos tocar las palmas en casa, grabar con el móvil a nuestro bebé o cantar en la ducha, pero hacer todo eso y disfrutar del arte de la pastori a la vez no, al menos yo no puedo, si podéis benditos seáis, pero avisadme de a que conciertos vais para no comprar entradas.

Son las 21.34, el concierto empezó a las 21, le daré al publicar y me daré una ducha, me cambiaré de camisa y me prepararé un Talisker y un café con hielo; tengo la camisa empapada de lágrimas, la niña canta al fondo, entre las sombras de esta noche solitaria, escondida en las brumas del dolor …

( perdonad los errores de tipeo, un tenue manto de lágrimas me nubla la visión )


1 comentario
  1. #1 • ale autor 03.10.2009 dijo:
     

    Lo dicho, no nos pueden culpar por andar armados y querer aplicar rifle sanitario.

Creemos firmemente en la democracia, de hecho este blog es un espacio democrático, somos dos y mandamos por igual. Pero como cualquier país no aceptamos ingerencias externas , así que os animamos a comentar, pero no aseguramos que lo publiquemos, vaya, que publicamos lo que nos da la gana.

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